Vida, muerte, pensamiento, todo conlleva un movimiento. La naturaleza, máximo exponente de movimiento, de escultura en constante evolución, donde basar toda mi existencia, emociones, sentimientos, sentidos. Con ella puedo transgredir, profundizar, incluso en lo que no es aparente, lo que está detrás, dentro.
Un volumen irrumpe en el espacio, lo delimita y recorta. Como las letras en una hoja en blanco, como la música en un silencio. El volumen te acerca, te incita, te adentra a tus instintos y sentimientos más elementales y básicos.
Nosotros como LAS RAÍCES somos elementos conductores. Absorbemos el agua y las sustancias que podemos disolver. Las raíces no tienen hojas y están bajo tierra, pero bailan, se estiran, cambian de formas y no pierden nunca las ganas de vivir porque forman parte de un tronco nervioso que siempre crece.
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