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Anna Marco es ya una escultora consagrada cuyo trabajo es delicado y sensual, en la idea y en el proceso, recreando un mundo que es entendido por nosotros por lo que tiene de verdadero y común. La fuerza expresiva de sus piezas se basa puramente en una imaginación creativa que se vale de formas y coloraciones cuidadas pero sencillas para obtener formas que evocan una belleza intemporal, aspiración de todo ser humano, que parece imprimida en la conciencia colectiva. En efecto su trabajo, presentado como un conjunto de formas arquetípicas, es el resultado de una búsqueda romántica con la voluntad explícita de fundir la creación con un mundo original, impregnando sus obras del mismo espíritu creador, generador con el que se expresa la naturaleza.

Es la suya una obra claramente femenina, en la forma y en el fondo que encuentra en el vidrio un medio natural para mostrarse. Anna entiende perfectamente que la naturaleza es una gran matriz que transforma todo, de la cual salen todos los seres vivientes y a la cual todos vuelven.

Su obra reclama el sentido del tacto, requiere la percepción de sus texturas, desde la más sutil a la más rugosa, en una clara progresión que busca comunicar diferentes sensaciones. La maestría, el dominio de la técnica le permiten obtener texturas diversas, de gran impacto, de una originalidad innovadora que imprime a su trabajo un sello personal e inconfundible. Su obra es un ir y venir de la forma natural (Semilla, Frutos), a la geométrica (Conos) o a la simbólica (Recorrido Interno, El paso del tiempo).